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El pasado 21 de abril la Fundación Carlos de Amberes de Madrid acogía la inauguración de la Exposición Homenaje a la Bata de Cola. Ideada por GO! Eventos y Comunicación, esta muestra forma parte de Andalucía, Destino de Moda, el proyecto para impulsar el Destino Andalucía con la moda flamenca como hilo conductor, en colaboración con la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía.

Así, numerosos rostros conocidos y del mundo de la televisión, la moda y la comunicación, no quisieron perderse este verdadero homenaje a esta prenda, summun de la moda flamenca y de nuestra tierra.

El afamado modisto Justo Salao y la reconocida bailaora María Rosa fueron los padrinos de la inauguración, en la que, junto a Laura Sánchez y Javier Villa, se encontraron, entre otros, Clara Courel, Eduardo Navarrete, David Ascanio, Raquel Sánchez Silva, Lorenzo Caprile, Irene Sofía Esser, Iván Sánchez, Juan Duyos, Roberto Siguero y, dando apoyo institucional, Vicente Azpitarte, Delegado de la Junta de Andalucía en Madrid.

Fotos: Aníbal González©

 

Andalucía, Destino de Moda no sería posible sin

Como parte del proyecto Andalucía, Destino de Moda, de GO! Eventos y Comunicación, en colaboración con la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía, la Exposición Homenaje a la Bata de Cola ensalzó esta prenda del flamenco, icono atemporal entre la tradición y la transgresión.

“Buque insignia de la indumentaria tradicional andaluza, la bata de cola es un icono atemporal que se mueve a paso seguro entre la tradición y la transgresión. Tiene vida propia y ha traspasado las fronteras de la pureza del flamenco en los viejos cafés cantantes, mutando, transformada en el elemento que engalanó a las grandes de la canción española en inmensos auditorios y teatros, elevándolas a los altares de la cultura popular, a través de la cadencia de sus movimientos”, adelantaba Ángela María López Martín, comisaria.

La Exposición Homenaje a la Bata de Cola, se ubicó entre el 22 y el 24 de abril en la Fundación Carlos de Amberes (C/Claudio Coello, 99. Madrid), contando con 11 piezas, repartidas en dos salas que, a su vez, se subdividieron en diferentes ámbitos.

SALA 1. Orígenes

Ámbito 1. Historia de la bata de cola

En un primer lugar, con DESENTRAÑANDO LA TRAMA Y LA URDIMBRE DE UN MISTERIO, se explicaba cómo la bata de cola es una prenda que surge por y para el lucimiento de la mujer en el baile flamenco. Tiene sus orígenes en el último tercio del siglo XIX, cuando las primeras bailaoras la revolean sobre los escenarios de los cafés cantantes, lugares donde flamencos y espectadores se beben la vida y exprimen la noche al límite, ambientes de dudosa reputación en los que las damas tenían prohibida la entrada, permitida tan sólo para las artistas, las empleadas que trabajaban como camareras y las mujeres de mal vivir.

Son esos años en los que comienzan a profesionalizarse los artistas y lo jondo pasa de la calle a un escenario.  El cante, el baile y el toque se funden al tiempo que los palos tradicionales van evolucionando y se amplían en diversidad y riqueza, sobre todo el baile, que implica el dominio de una técnica que, aunque no deja de lado la improvisación surgida en la calle, se haga con arreglo a unos estándares que, provenientes de la escuela bolera de danza, van marcando el nacimiento de las primeras academias donde la frontera entre gitanos y payos se difumina.

Gracias a la democratización del flamenco en entornos míticos como el Café de Silverio o el Café del Burrero y el Café de Chinitas, así como a las juergas organizadas en sus casas por los miembros de la alta sociedad para agasajar a sus invitados, los estratos sociales se mezclan a la luz de los candiles en torno a un escenario en el que, como una esponja, los artistas absorben y transforman todo lo que les rodea.

No obstante, como todo lo que concierne al flamenco, tenemos que recurrir a las fuentes orales que junto a los trabajos de Demófilo, Fernando el de Triana o Caballero Bonald tan bien sintetizara el flamencólogo Ángel Álvarez Caballero en su obra “El Baile Flamenco”, quien años más tarde recogería junto a la autodenominada “Isabel la Católica de la bata de cola, porque mi vida la he dedicado a su reconquista”, Matilde Coral, todo lo que conocemos sobre esta prenda y su magisterio en el “Tratado de la Bata de Cola”. Siguiendo su estela vamos a tirar del hilo que nos permita desvelar qué secretos encierra su origen.

A continuación, en LAS PRIMERAS PUBLICACIONES DE MODA FEMENINAS Y LA PINTURA COSTUMBRISTA, se contaba cómo las damas refinadas de las últimas décadas del siglo XIX lucían siluetas que ceñían sus torsos y acentuaban sus caderas, recogiendo metros y metros de ricos tafetanes y finos encajes en la parte trasera de la falda, cayendo esta amalgama en una graciosa cola que dotaba de elegancia al atuendo para lucir en salones y bailes. Así lo vemos en publicaciones de moda de la época, algunas de las cuales incluyen patrones que la mujer de a pie adapta para las grandes ocasiones. Las enaguas son la clave del juego de volúmenes, primero llevadas al extremo con armazones interiores como el polisón durante los 60 y 70, que da paso a la silueta en “S” o “pecho de palomo”, ya liberado de esta suerte de estructura, causando furor desde los 80 del XIX hasta bien entrado el nuevo siglo.

Cuando las artistas bailaban comenzaron a usar estos vestidos o faldas con cola y enaguas que movían al ritmo del toque y el cante, naciendo así la bata de cola. Es un proceso tan natural como respirar que podemos rastrear en estas publicaciones y tan bellamente muestra la pintura costumbrista de la segunda mitad del siglo XIX y los albores del XX, un reluciente espejo para el estudio de la historia de la indumentaria que refleja cómo llega a su apogeo el ideal de la Manola, una de las tendencias más embriagadoras gracias a la fusión de la moda internacional con ese ámbito de lo andaluz que las primeras bailaoras de los cafés cantantes y jaleos, así como las cupletistas procedentes de la zarzuela abrazaban para mostrarse al mundo en todo su esplendor, conscientes de la atracción que suscitaban en todos los estratos de la sociedad, incluso fuera de nuestras fronteras.   

Ámbito 2. Para lucir la bata

Una bata bien movida luce por sí misma, pero no es lo mismo cuando levanta el aire junto a un abanico, absorbe la fuerza y las vibraciones de un zapateado, se revolea y compite en bravura con un mantón de manila al tiempo que se adorna con complementos como peinetas, peinas, zarcillos y flores. Siempre va a ser protagonista, aunque luce más si sabemos cómo acompañarla.

En CARICIAS AL AIRE se mostró el abanico, apoyándose en varias piezas; mientras que en A LOS PIES DEL COMPÁS, se enseñan los diferentes tipos de tacón de baile, mostrándose piezas, por ejemplo, creadas en Valverde del Camino (Huelva). Por su parte, en LA ARTESANÍA SE EMPODERA EN MOVIMIENTO se ensalzará el papel del Mantón de Manila, con piezas exclusivas de Ángeles Espinar, y en AL REPIQUE DE LOS DEDOS se hará una oda a las castañuelas, con explicaciones apoyadas en piezas de Castañuelas Filigrana.

Por último, en AVÍOS: MAXIMALISMO ANDALUZ se explicaba cómo de nuevo la moda, aquello que es tendencia durante la segunda mitad del siglo XIX cuando domina el art decó y hacia la década de 1890 se imponen peinecillos, peinas, flores y pendientes cuyos materiales preciosos y delicados elementos de coral, nácar, marfil y carey, dan el salto ya en el siglo XX hacia fibras sintéticas que los mantienen igual de bellos, aunque más resistentes y ligeros. Piezas de Artesanía Carvajal ilustran esta parte de la exposición.

Ámbito 3. El taller. Parir una bata de cola

Los metros de tela necesarios para su confección, el peso que puede llegar a tener una bata de cola, y los tejidos más usuales a la hora de crearla son los puntos que se explicaron en este ámbito.

A comienzos del siglo XX, y confeccionada en almidón o seda, tan difíciles de manejar que destrozaban los riñones de las bailaoras: “Ese crujir, ese fondo musical del almidón, aun lo tengo yo en mi cabeza (…) Hoy se baila más fácil, por supuesto, porque hoy tiene opción la bailaora a hacer de la bata lo que ella quiera”, Matilde Coral.

Hoy el almidón ha dado paso a organdí y lo que no cambia es que la bata de cola es un artículo de lujo, por ello las grandes artistas tienen por costumbre prestarlas o regalarlas a quienes empiezan. Por ejemplo, a Matilde Coral su primera bata se la regaló Pastora Imperio.

Ámbito 4. La maestría de la bata de cola

En LAS PIONERAS se ensalzaban las figuras de Juana Vargas de las Heras ‘La Macarrona’, Magdalena Seda Loreto ‘La Malena’, y Rosario Monje Monje ‘La Mejorana’, mientras que en EL DUENDE VS. LA TÉCNICA se trata la segunda generación de bailaoras que sistematizan el uso de la bata de cola sumándole su formación técnica proveniente de la escuela bolera de danza a la tradición de lo jondo: La Argentina, Pastora Imperio, Carmen Amaya, La Argentinita y Pilar López.

A continuación, en HERENCIA, ARTE Y MAGISTERIO se mostraba cómo a partir de los años 50 destaca una generación de artistas que terminan de cerrar el círculo entre lo jondo y lo académico con profundo respeto e integridad. Son quienes sientan cátedra, crean escuela e imprimen su sello a las nuevas generaciones que continúan bregando con la bata de cola: Matilde Coral, Manuela Vargas, Cristina Hoyos, Merche Esmeralda y María Rosa. Se exponen prendas de estas bailaoras, firmadas por la emblemática firma sevillana Lina 1960, y el modisto Justo Salao.

SALA 2. Poderío

La Sala 2 arrancaba con DE LOS CAFÉS CANTANTES A LAS GRANDES FIGURAS DE LA COPLA, donde se explica cómo desde finales del siglo XIX es habitual en cafés cantantes y sobre todo en teatros, al abrigo de la zarzuela y los cuplés, la representación de lo que conocemos como varietés y posteriormente las óperas flamencas, naciendo así sonidos diferentes. Será Pastora Imperio la primera que transite entre estos mundos del cante y el baile cultivando el género del cuplé, luego la Argentinita, musa de Lorca, quien pusiera voz a “Los cuatro muleros”, de este modo, a caballo entre los años 20 y 30 del siglo XX nace la copla, emergiendo las grandes figuras que llenan teatros y salas de cine por igual con sus espectáculos y películas, como serán Concha Piquer, Imperio Argentina y Estrellita castro, con la que la copla va tomando tintes aflamencados.

Es una época compleja en la que juega un papel primordial el séptimo arte.  Los cánones del cine español más comercial vienen marcados por la dictadura y se promociona un tipo de musical en el que las intérpretes se zafan de la estricta moral del momento con letras y personajes que gracias compositores como Antonio Quintero, Rafael de León y Manuel de Quiroga muestran a una mujer racial y fuerte, siempre resuelta e  independiente aunque al final redimida o condenada tal como ocurre en “Morena Clara” (ya sea la versión de 1936 con Imperio Argentina, ya la de 1954 con Lola Flores) o en “El Balcón de la Luna” (1962) que tiene a Lola flores, Carmen Sevilla y Paquita Rico como protagonistas.

Todas cantan, bailan y actúan. Será inevitable que para su lucimiento lleven una prenda como la bata de cola, ya fuera de los cánones que marca el baile flamenco por derecho hasta límites que la elevan a ser una pieza de la más fina costura ensalzando la femineidad y la personalidad arrolladora de las artistas, amén de un elemento que marca la transgresión de  la moral nacional católica imperante durante los años de la dictadura, que, paradójicamente, promociona y encumbra la canción española paseándola por todo el mundo gracias estas grandes damas que llevan los movimientos de una bata de cola por bandera. Son poderío, torbellino de colores, tronío, picaresca, seducción y eterna inspiración.

Como es costumbre en las casas de alta costura, cada vez que se elaboraba una pieza se realizan dos modelos de esta uno lo adquiere la clienta con las modificaciones que estime oportunas y otro lo guarda la casa, quedando así en los archivos del atelier.  Esto aplica a las batas de cola que han llevado grandes de la copla, piezas de alta costura, elaboradas artesanalmente donde se difuminan los límites de horas de trabajo en cuanto a diseño, costura, calidad y unicidad del tejido y trabajo de bordado.

Así, se expone en esta segunda sala UNA DINASTÍA: LAS REINAS, en la que se mostraron piezas de Juanita Reina y Charo Reina, Carmen Sevilla, Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Lola Flores y Marifé de Triana, firmadas por Lina 1960, Justo Salao, y Tomás García y Alfonso Martínez.

Fotos: Aníbal González©

 

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